sobre la práctica deportiva infantil

Cuando nos referimos a la relación entre deporte e infancia, habitualmente nuestra asociación suele hacerse en términos positivos, el deporte infantil en cualquiera de sus acepciones es, en general aceptado como algo bueno por los adultos responsables o vinculados al mismo (familiares, profesores, entrenadores o monitores etc.). Sin embargo, cuando ahondamos en el conocimiento de esta práctica, analizamos sus componentes y vivenciamos la realidad de la misma nos damos cuenta que, de hecho, esta representa un doble papel en la formación de los niños y niñas:

Uno positivo y evidente a todas luces para el desarrollo físico, psicológico y social de los jóvenes, a través de los beneficios que el deporte supone para la salud en su acepción más actual como sinónimo de bienestar “físico, mental y social” y un segundo papel, de matiz negativo, menos evidente y tal vez incluso más desconocido: Por una parte aparece una contradicción entre los mensajes que se lanzan desde los ámbitos educativos acerca de principios igualitarios, respecto a la individualidad y atención a la diversidad y las actitudes que se generan en el contexto de la práctica deportiva. En este sentido cada vez es mayor la presión que se ejerce en algunos niños/as en cuanto a su rendimiento deportivo y la discriminación que se genera entre unos niños/as y otros/as. La presión es un reflejo del impacto del deporte profesional en nuestra sociedad, un producto de la necesidad de captación de jóvenes talentos, de la profesionalización temprana en algunas modalidades, que se traduce a veces en reproducciones de los modelos de trabajo adultos olvidando las necesidades del niño/a como un organismo y personalidad en desarrollo y las consecuencias negativas que en este pueden generarse. Por otra parte, en su mayoría, los modelos actuales de deporte infantil-juvenil favorecen a los niños mejor dotados para la práctica y perjudican a los menos, que generalmente opta por el abandono.

Si el deporte infantil no es justo ni adecuado en su tratamiento, visto desde este lado negativo ¿qué opción podemos tomar los adultos para que se cumplan las funciones deseables en la formación de los niños y niñas deportistas? Mari Carmen Pulgarín Medina (2000) centra las alternativas en cuatro vías principales que hemos adaptado en tres en base a nuestra experiencia y conocimiento y que consideramos básicas a la hora de iniciar cualquier programa de intervención en el ámbito que nos ocupa:

  • - En cuanto a la propia práctica deportiva (entrenamiento y competición): Correspondería tanto a la estructura y organización de la que depende el deporte escolar eladaptar la realidad de la práctica (entrenamiento y competición) a las etapas de desarrollo físico y cognitivo de los niños/as teniendo en cuenta las peculiaridades de las mismas.
  • - En cuanto a los niños/as: Una vez valorada la necesidad de adaptar la práctica a sus necesidades, consideramos también la intervención dentro del ámbito académico dada la frecuente relación entre la práctica deportiva masiva y un significativo descenso en los estudios.
  • - En cuanto a los adultos significativos: Asesorar tanto a técnicos, dirigentes deportivos y padres, con el objetivo de que conozcan de qué manera ellos pueden contribuir con su actuación a que la practica deportiva sea vista como una ocupación gratificante y formativa. Conviene insistir especialmente en la colaboración con los técnicos en la elaboración de programas de trabajo dirigidos a la población infantil y juvenil y en el trabajo con padres y madres de niños y jóvenes deportistas, para conseguir una atención adecuada hacia sus hijos y la adopción de roles que favorezcan sus desarrollos deportivos.

* Pulgarín Medina, M.C. (2000). La infancia y el deporte. Perspectivas desde el punto de vista de la Psicología. Lecturas: Educación Física y Deportes. Revista digital. Buenos Aires. Año 5 – Nº 18 .

Publicado por KirolbegiBlog el 14 de Marzo de 2008


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