menos horas de educación física

Los avances científicos y tecnológicos experimentados por los países desarrollados durante el último siglo han desembocado en una sociedad cada vez más sedentaria y en consecuencia acosada por una serie de enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo II, trastornos cardiovasculares, patologías del aparato locomotor o desequilibrios de tipo psicológico. Numeroso estudios de profesionales cualificados indican que la clave para el retroceso de esta epidemia está en la Actividad Física, tanto a la hora de prevenir, como a la de tratar las consecuencias de un estilo de vida cada vez más inactivo. La magnitud del problema del sedentarismo unida a este carácter previsor y tratante hacen que la Actividad Física pueda ser considerada hoy en día como la mejor inversión en salud pública en los países desarrollados.

Aún así hemos podido comprobar con estupor como se ha tomado la decisión de reducir aún más las horas lectivas dedicadas a la Educación Física. Teniendo en cuenta que las enfermedades más comunes en la edad adulta tienen sus antecedentes en la niñez y la adolescencia y que el deporte de competición no se encuentra en condiciones de responder actualmente, debido a su carácter seleccionador y exigente, a las necesidades de una sociedad heterogénea en cuanto a las capacidades y cuyos intereses no concuerdan con los requerimientos que el entrenamiento deportivo conlleva, las escuelas deberían erigirse, como centros educativos que son, en el medio a través del cual la Actividad Física, al igual que la cultura y el conocimiento, se asentase en el modus vivendi de nuestra sociedad.

Las escuelas tienen de por si varias ventajas en al realización de esta tarea: Están provistas de una gran concentración de niños que están desarrollando o son candidatos a desarrollar los perfiles de riesgo que desembocan en las patologías anteriormente descritas y además ponen, necesariamente en relación a estos con profesionales cualificados en la prevención y el tratamiento de las mismas (en la figura del profesor de Educación Física principalmente) durante un período obligado de entre 8 y 10 meses. Tienen también, la capacidad de establecer vías de comunicación con los padres para la adaptación del hábito saludable a la vida cotidiana buscando su estabilización y no conllevan además, el estigma clínico de las clínicas, hospitales y centros de dietética.

Al igual que el derecho a la Educación, a forjar una cultura y una personalidad ricas, es incuestionable, el forjar unos hábitos de vida saludables, o a reencauzarlos, una vez perdidos en la vorágine social, a través del mismo derecho, debería serlo también. La Educación Física tristemente y a raíz de una epidemia con fatales consecuencias ha dejado atrás por fin su papel de asignatura maría. Pero quizás, quienes deberían haberse dado cuenta, aún no lo han hecho.

Publicado por KirolbegiBlog el 26 de Febrero de 2008


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