la PAFYD de la mujer como excusa, o como fin

Según señala Lipovetsky (2007: 134-135) no hay duda de que en nuestra época prima una nueva fuerza social de normalización y racionalización del cuerpo. Una normalización y racionalización donde en vez de reglamentos uniformes se presenta una “nebulosa de requerimientos, productos y recomendaciones” que posibilitan (o dirigen) la elección y la iniciativa individual, sobre la base de programas, a su vez, individualizados que dejan al descubierto como “el cuadriculado autoritario y dirigista se ha visto sucedido por la desregulación consumativa y deportiva y su séquito de actividades de búsqueda de la forma física y de mantenimiento, su abundancia de prescripciones dietéticas y métodos de adelgazamiento, su supermercado de productos antiarrugas y antipeso”. Es por ello que, si bien es innegable que el ideal de la esbeltez crea un proceso de homogeneización de la apariencia, las vías que conducen al logro de ese ideal son cada vez más heterogéneas.

Para Lipovetsky (2007: 136-137), los comportamientos relacionados con el deporte, al igual que los relativos a la alimentación, “ilustran la salida de la era de la normalización disciplinaria de los cuerpos”. Según el autor, cada vez son más las mujeres que practican actividades físicas y deportivas como el jogging, el tenis, el esquí, la gimnasia, etc., convirtiéndose estas actividades en actividades femeninas de masas. No obstante, estas se dan de forma más intermitente que regularmente, prevaleciendo la práctica ocasional frente al “entrenamiento metódico”. Asimismo, si bien no cabe duda de que la estética de la delgadez ha triunfado, ésta se encuentra lejos de haber generado “una racionalidad disciplinaria” ubicándose en una dinámica de “prácticas inestables y sismográficas, que oscilan entre actividad e inactividad, restricción y exceso, movilización y dejadez, dominio y abandono”.

Siguiendo con Lipovetsky (2007:136-137), esto es así porque nos encontramos en una cultura estructurada con base en lógicas antinómicas donde, por un lado, se intensifican las prescripciones relativas al cuerpo, se refuerzan las normas dietéticas y deportivas, al tiempo que conmina a combatir el exceso de peso. Pero, por otro, el universo del consumo exacerba los deseos y el ansia de todo y enseguida, favorece los impulsos y caprichos pasajeros e incrementa la repugnancia a los esfuerzos regulares y austeros. Para Lipovetsky “el vaivén entre superconsumo y restricción, la anarquía alimentaria, las prácticas deportivas esporádicas son otras tantas expresiones de una cultura antinómica que prescribe normas de autodominio y de autovigilancia permanente y al mismo tiempo disgrega las estructuras sociales de la alimentación, estimula los impulsos consumativos, erige la tentación en sistema”.

En este contexto cultural, la PAFYD se re-institucionaliza continuamente dando como resultado, entre otros muchos resultados, prácticas deportivas paradójicas tales como la gimnasia pasiva donde, a nuestro entender, se manifiestan muchas de las presiones a las que se encuentran expuestas las personas en esta era y las soluciones que, dentro de sus posibilidades, tratan de darle los individuos en general pero, especialmente, las mujeres.

Estamos, pues, ante una encrucijada socio-cultural donde la re-institucionalización de la PAFYD ha de redirigirse hacia la generación de soluciones prácticas basadas en criterios de promoción de bienestar integral de las personas en, y a través, de la PAFYD. El reto es grande a la vez que ilusionante.

Lipovetsky, Gilles. 2007. La tercera mujer: permanencia y revolución de lo femenino. Barcelona: Anagrama.

Publicado por KirolbegiBlog el 23 de Julio de 2009


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