La liebre y la tortuga

Todos hemos escuchado alguna vez esta famosa fábula en la que la tortuga poquito a poco y con fundamento (que diría Argiñano) gana a la todopoderosa liebre que conocedora de su superioridad se dedica a descansar por el camino y a sacarse fotos con sus fans (esto último es invención mía).

Algo parecido sucedió en los JJ.OO de Vancouver la pasada semana. En esta ocasión y encarnando a la famosa liebre presentamos a “Yevgueni Pliúshchenko” uno de los mejores patinadores de todos los tiempos y que llegaba a Vancouver con el marchamo de campeón antes de competir. Por su parte y haciendo el papel de “tortuga” (no creo que lo sea tanto) presentamos a “Evan Lysacek”, patinador americano que tras haber hecho sus deberes se presentaba primero a la espera de lo que hiciera Pliúshchenko.

Tachan………….Sorpresivo desenlace…. Pliúshchenko con todas las cartas en la mano decide arriesgar (lo que yo elogio) y realiza un gran ejercicio de elevadísima dificultad incluyendo varios cuádruples y triples pero que careció de la precisión necesaria. Tras una apretada y difícil deliberación de los jueces (quiero imaginar) Lysacek se proclama campeón olímpico y contra todo pronóstico Pliúshchenko es plata por menos de un punto.

Y a partir de aquí empieza el lío. Pliúshchenko afirma: “No se puede considerar campeón a alguien que no ha hecho un cuádruple”…. a lo que añade “Que alguien esté en lo más alto del podio con la medalla de oro en el cuello tras hacer sólo saltos triples, para mí no es progreso, sino un retroceso porque los triples son de diez o incluso veinte años atrás”.Y todo esto es precisamente lo que yo no comparto en absoluto.

Considero que Pliúshchenko tomó una decisión que a la postre se puede considerar “errónea” visto el desenlace final. Prescindió por completo de los criterios de utilidad percibida que tan importantes son en la “alta competición”. Se equivocó, quiso ser el mejor y además de eso campeón olímpico, y aunque personalmente valoro sobremanera la decisión que tomó, también valoro sobremanera la actuación del americano, que fue a hacer lo que sabía hacer de manera sobresaliente sin salirse de su plan de competición y compitiendo al límite de sus posibilidades. Si la competición la ganaran siempre los mejores no se disputarían campeonatos de Europa o del Mundo o Juegos Olímpicos. Afortunadamente para nosotros en la Alta Competición la excepción es tan frecuente como la norma y una vez más se ha demostrado.

Por tan tanto y para concluir no me queda más que felicitar a la “tortuga” y decirle a la “liebre” que espero volver a verle en Sochi 2014 con la lección aprendida.

Publicado por KirolbegiBlog el 22 de Febrero de 2010


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